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lunes, 6 de marzo de 2017

Reconocer ser torturador, gratis si eres parlamentario...

El Torie y excoronel torturador Bob Stewart.
Un parlamentario británico se reconoce como torturador en Irlanda

“Yo era una especie de torturador”, dice un excoronel en irlanda. Un parlamentario británico dijo que la tortura a veces puede ser "justificada" y ser un método de interrogatorio.

El ex oficial del ejército Bob Stewart, que es miembro de los Tories (conservadores) del Parlamento británico, dijo que era "una especie de torturador" cuando estuvo en el Norte de Irlanda durante los Troubles.

Stewart hizo estas declaraciones tras las del presidente estadounidense Donald Trump en su primera entrevista para indicar su apoyo a la técnica de tortura conocida como el "submarino".

Trump está preparando un pedido de revisión de los métodos de interrogatorio y la posible reapertura de cárceles secretas fuera de los Estados Unidos.

El ex coronel del ejército dijo que está en oposición al ''submarino'' pero las técnicas tales como la privación de alimentos y de sueño pueden, según él, considerarse aceptables en algunas situaciones.

"No nos gusta la tortura", dijo a Emma Barrett en la BBC 5 Live. "A nadie le gusta la tortura. . . Pero el hecho es que a veces funciona y a veces puede estar justificada. No estoy de acuerdo con la técnica de ahogamiento simulado, pero un poco de persuasión puede justificarse, por ejemplo, si alguien tiene información sobre dónde podría explotar un dispositivo nuclear en Londres. Esto es lo que quiero decir para justificar un determinado tratamiento. Si una gran cantidad de personas, o incluso sólo uno, va a ser asesinado, usted tiene que pensar muy cuidadosamente acerca de dónde poner presión sobre la gente para conseguir la información que le permita salvar vidas."

Cuando se le preguntó qué técnicas de tortura son posibles en esas situaciones, Bob Stewart respondió: "La falta de sueño. La falta de alimentos ... Cosas por el estilo ".

Finalmente dijo a la BBC 5 Live. "Técnicamente, si miramos con los ojos de hoy, yo era una especie de torturador. Entonces fue sin duda aceptable. Ahora ya no es aceptado y se define como tortura".


Dibujo. (Una rueda policial de reconocimiento de curas ante un niño monaguillo)
Más de 4.400 niños australianos violados por sacerdotes católicos

Más de 4.400 menores, en su mayoría niños, han sufrido abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos en Australia durante décadas, según confirma un informe que la Comisión Real para ofrecer Respuestas Institucionales al Abuso Sexual Infantil en ese país publicó ayer.

"Entre enero de 1980 y febrero de 2015, 4.444 personas alegaron incidentes de abuso sexual infantil contra 93 autoridades de la Iglesia católica", unos reclamos que "relacionados con más de 1.000 instituciones distintas", afirma ese documento oficial, que también indica que desde 1950 un 7 por ciento de los sacerdotes del país eran delincuentes.

La investigación australiana ha analizado todo tipos de reclamaciones por abusos sexuales, incluidos los supuestamente realizados por antiguos religiosos de ambos sexos o cualquier otra persona empleada o voluntaria elegida por alguna autoridad de la Iglesia católica.

La Comisión, establecida por Australia en 2013 para investigar casos de abusos infantiles, también ha revelado que la mayoría de las víctimas eran varones (78 por ciento) con una edad media de 11,6 años, mientras que el otro 22 por ciento de las víctimas eran chicas con una media de 10,5 años.

Estos especialistas han identificado a 1.880 presuntos agresores: 597 (37 por ciento) hermanos religiosos, 572 (30 por ciento) sacerdotes, 543 (29 por ciento) legos y 96 (5 por ciento) hermanas religiosas. Además, sus conclusiones indican que las víctimas esperaban alrededor de 33 años para denunciar las vejaciones y que los primeros asaltos datan de la década de los 50.

Los escándalos de abuso sexual persiguen a la Iglesia católica desde hace tiempo. En 2014, el Vaticano indicó que, en la década anterior, recibieron 3.420 acusaciones creíbles de abuso sexual cometidos por sacerdotes y que había expulsado a 824 clérigos.



"Siker absolución. Acude a la A.N. lunes 6..."
Denuncias:

Siker absolución

Hoy ha sido citado en la A.N. el rapero Siker, estudiante menor de edad, cuyo delito es despertar conciencias con canciones que denuncian la realidad de este sistema. Acude y solidarízate. 10 horas, en la Audiencia.

Poesía de Paco Cela "¡Entrad en las cárceles!" (y su retrato)
Difusión:

“¡Entrad en las cárceles”!, de Paco Cela Seoane

"Les pregunto: por qué tratan a los comunistas como criminales, si a este país se lo ha robado los capitalistas".
Muro Solidario:

-Visto en facebook, iniciado desde Argentina. B.

"Como enseñar el ABC a los niños de hoy en día". (La A es apple, la B BlackBerry, la C Chat...) (cada una con su símbolo comercial)
Humor:
-Cogido del suplemento LSD de humor de la revista libertaria E.Z.

Así habrá que enseñar a lxs niños el abecedario...

domingo, 3 de enero de 2016

El deporte de alta competición y sus historias de represión y criminalización.

Foto. Peter Norman; y Carlos y Smith con el puño levantado.
Deporte y Represión

De cómo amenazaron, excluyeron y llevaron a la miseria a dignos deportistas de élite

El tercero de la foto
Juan Forn / Página 12. 

Todos conocemos la imagen: se ha vuelto ícono e incluso estatua, sólo que en la estatua se eliminó a uno de sus tres protagonistas. No es una crítica ni una denuncia: también nosotros eliminamos mentalmente de la foto a aquel flaquito pelirrojo que parecía estar de prestado en la escena.
El año era 1968: la masacre de MyLai en Vietnam, el Mayo francés, los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy en Estados Unidos, los tanques rusos acabando con la Primavera de Praga, la matanza de Tlatelolco y, apenas unos días después, empiezan las Olimpíadas, precisamente en México, con la sangre de los estudiantes muertos todavía fresca. En la final de los 200 metros llanos, el podio es ocupado por dos atletas negros norteamericanos y un australiano, bastante más bajito y esmirriado que ellos. Los dos negros suben a recibir sus medallas descalzos y con un guante negro cada uno, y cuando suena el himno americano bajan sus cabezas y alzan el puño enguantado, haciendo el saludo de los Panteras Negras (iban también descalzos, en alusión a sus hermanos de raza de los algodonales de Luisiana, que no tenían derecho a usar calzado). La foto dio la vuelta al mundo: en el reino de la confraternidad ecuménica a través del deporte, hacía su fulminante ingreso la protesta política. Casi medio siglo después me escribe un lector, uno de esos lectores exigentes que es una bendición tener, y me pide que cuente la historia de la foto y del blanquito que aparece en ella de prestado: el australiano Peter Norman. Yo tenía ocho años en 1968, y había sido educado en los valores del Barón de Coubertin: me acuerdo todavía de la consternación que despertó aquel episodio pero, como el resto del mundo, lo ignoraba todo sobre Peter Norman.
Los velocistas negros Tommie “Jet” Smith y John Carlos sabían, desde principios de 1968, que tenían chances seguras de ganar medalla: sus tiempos eran cada vez más mejores, no tenían rivales a la vista, el oro estaba entre los dos. También eran miembros de un grupo de atletas que habían creado el OPCR (Programa Olímpico por los Derechos Civiles) que apoyaba la lucha contra la segregación racial. Ante el desdén del Comité Olímpico por sus pedidos decidieron que, al subir al podio, portarían un distintivo de la organización como protesta. Smith había nacido en Texas, el séptimo de once hermanos, era hijo de un peón de los algodonales. Carlos era de Harlem, hijo de un zapatero remendón. Ambos tenían en claro por quién corrían. En las rondas preliminares arrasaron con sus rivales y en la final también picaron ambos en punta, Carlos a la cabeza y Smith mordiéndole los talones hasta que en el sprint de los últimos cincuenta metros superó a su colega y ya estaba alzando los brazos cuando vio por el rabillo del ojo al australianito Norman, que había hecho toda la carrera en sexto lugar, achicando a trancazos la distancia hasta instalarse como una cuña entre ambos.
Para entender cabalmente la escena hay que decir que Norman medía casi veinte centímetros menos que los dos afroamericanos: cada tranco de ellos era tranco y medio para él. Sin embargo algo le había pasado desde su llegada a México: no paraba de mejorar sus tiempos. Hasta entonces no alcanzaban a hacer sombra a los de Smith y Carlos, pero ahora estaba ocurriendo lo imposible. Norman hizo los 200 metros en 20.07, una marca que nadie había logrado hasta entonces. Obligó a “Jet” Smith a dejar la vida en esos últimos metros y convertirse así en el primer atleta en el mundo en bajar la barrera de los veinte segundos (clavó la aguja en 19.86). Carlos quedó en tercer lugar, con sus 20.10.
En el vestuario antes de subir al podio, Smith y Carlos encararon a Norman y le avisaron lo que iban a hacer. El australiano venía de una familia de “salvos” (así llamaban en su país a los voluntarios del Ejército de Salvación). Cuando Smith y Carlos le preguntaron si creía en los derechos civiles y en la igualdad ante Dios, contestó: “Creo que todo hombre tiene derecho a beber la misma agua. Creo en lo que creen ustedes”. Y a continuación señaló el distintivo del OPCR y preguntó si tenían uno para él. Otro atleta norteamericano le dio el suyo. Smith y Carlos se preguntaban de dónde había salido ese blanquito que pensaba más en lo que estaban por hacer que en su medalla de plata. En el revuelo descubrieron que se les había perdido un par de guantes. “Que cada uno use uno”, sugirió con practicidad Norman. Desde el podio no pudieron apreciar del todo lo que pasaba en las tribunas: el estadio entero en silencio cuando, con los primeros compases del himno, Smith y Carlos alzaron su puño enguantado.
Ambos fueron desafectados y expulsados de la Villa Olímpica en cuanto bajaron del podio (al atleta que le dio el distintivo a Norman también lo suspendieron). Apenas volvieron a casa empezaron los problemas. Uno de ellos terminó lavando autos en Texas, el otro cargando bolsas en el puerto de Nueva York. Les escribían insultos en la puerta de sus casas, cada noche sonaba el teléfono con amenazas anónimas. Debieron pasar más de diez años hasta que pudieron volver al mundo del atletismo, ya como entrenadores, y después como portavoces de la igualdad en el deporte.
Para Norman fue peor. En Australia, las minorías raciales sufrían una forma más silenciosa pero igual de cruel de discriminación (en el censo nacional de 1968 se contaron las ovejas pero no los aborígenes). Expresar apoyo a la equidad racial fue condenarse al ostracismo. No sólo se le hizo difícil seguir corriendo; tampoco conseguía quién le diera trabajo. Repetidas veces lo invitaron a pedir perdón por el episodio de México, pero él se negó, y siguió entrenando por las suyas y logrando tiempos superiores a sus rivales. En los cuatro años siguientes batió trece veces la marca de calificación en los 200 metros para ir a las Olimpíadas de Munich en 1972, pero no lo convocaron al equipo nacional y, por primera vez en la historia de los Juegos, Australia no tuvo sprinter en las finales de 100 y 200 metros. Norman intentó dedicarse al fútbol australiano profesional pero una lesión en el tendón de Aquiles lo puso al borde de perder la pierna por gangrena. Se hizo adicto a los calmantes que le recetaban, luego alcohólico, luego se recuperó y empezó a militar en el sindicalismo y trabajar en una carnicería. Usaba su medalla olímpica para trabar la puerta de su departamento.
Cuando se anunció que Australia organizaría los Juegos en el 2000, se ilusionó con que lo incluyeran en los festejos. Los organizadores de Sydney invitaron a todos los medallistas olímpicos australianos a desfilar el día de la inauguración, pero a Norman no sólo lo excluyeron del desfile: ni siquiera le mandaron entradas para ir al estadio. Era el mejor velocista de la historia australiana pero no existía. Incluso en la estatua que se había erigido en el campus de San José, California, conmemorando aquel podio de México 68, el segundo lugar estaba vacío.
Murió sin que nadie le pidiera perdón, el 9 de octubre de 2006. Los ya sexagenarios Smith y Carlos viajaron hasta Melbourne y llevaron el féretro en el funeral. La banda que acompañaba el cortejo tocaba “Carrozas de fuego”. El sobrino de Norman, Matt, había hecho un documental sobre su tío: no consiguió financiación en su país, pero logró terminarla igual. Después de colarla en el circuito de festivales y cosechar media docena de premios, el Comité Olímpico declaró el 9 de octubre Día Mundial del Atletismo. La marca de 20.07 sigue sin ser superada en Australia hasta el día de hoy. Ningún otro record en el atletismo mundial ha durado tanto.

Recogido de El Otro País, dic 2015.

Foto. Antxon ante bandera de EAE-ANV.
Represión y criminalización contra E.H.
Entrevista a Antxon Gómez, de ANV

Uno de los 34 juzgados en la Audiencia Nacional, por Sare Antifaxista.
"Para mí además, es un caso muy paradójico, por que mi abuelo, que era militante de ANV, fue detenido en el 36 por los fascistas y le acusaron de organizar en Gasteiz las elecciones municipales por el Frente Popular, donde iba integrada ANV. Curiosamente 80 años después la acusación es exactamente la misma: organizar unas elecciones municipales.”
http://sareantifaxista.blogspot.com.es/2015/12/antxon-gomez-de-eae-anv-esta-siendo.html

Pantallazo. "Serem Nosaltres. Subverius.
Música combativa:
Subversius – Serem nosaltres
https://www.youtube.com/watch?v=e1fvvLB-tks&feature=share